Bodø está al fina de la vía. Aunque restan mil kilómetros de camino hacia el norte, el ferrocarril noruego llega hasta aquí. La ciudad fue completamente devastada por los bombardeos alemanes en la II Guerra Mundial, por lo que lo que vemos es obra de la reconstrucción de los años cincuenta.
Como casi todo por estas latitudes, su origen y prosperidad se basa en la pesca, sobre todo del arenque, en este caso. Cuando se descubrió la gran corriente de pescado que circulaba dos veces al año por sus inmediaciones apenas un par de cabañas señalaban un refugio para pesqueros en apuros. Pocos años después, como los poblados del oeste en la fiebre del oro, Bodø había crecido y tenía teatro, escuela, hospital, periódico propio... Hasta una noche de 1940 donde todo cambió bajo las bombas incendiarias.





No hay comentarios:
Publicar un comentario