El apasionante relato de la conquista del Ártico ha sido escrito con gran sacrificio por aventureros, científicos, militares y millonarios ávidos de aventura. Expediciones inglesas, norteamericanas, austrohúngaras, italianas, rusas. Y por supuesto noruegas.
Aunque entraron tarde en la carrera, el titánico esfuerzo de alcanzar el polo supuso para Noruega algo más que para el resto. Unida a Suecia (de hecho, bajo su dominio) en el siglo XIX, figuras como las de Nansen se convirtieron en héroes nacionales que impulsaron la independencia de la nación.
Muchas fueron las expediciones, bastantes con final trágico. Todas con increíbles esfuerzos tras años en condiciones extremas. Cada una que lograba conquistar un grado de latitud más al norte era recibida en su país de origen con desfiles victoriosos. La gloria del polo, sin embargo, quedó maltrecha por la atribución de dos expediciones rivales en días muy cercanos. Una de ellas, la de Peary fue recibida con todos los honores en Nueva York. Ambas en falso. Ninguna llegó al polo, aunque es posible Peary lo creyera sinceramente.
Fue el noruego Amundsen quien por primera vez alcanzó los 90 grados norte. A bordo del dirigible italiano Norge, comandado Nobile, su constructor, sobrevoló el polo aún pensando no era el primero en llegar. Hasta años más tarde no se demostraría que Peary había errado en sus cálculos. Hoy las figuras de los grandes exploradores noruegos permanecen oteando el horizonte, quizá en busca de nuevos límites que superar.




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