El barco que nos lleva hasta las islas Lofoten atraviesa una de las zonas de pesca más productivas del mundo. Las casi cuatro horas de travesía desgranan fugaces paradas en pequeñas poblaciones pesqueras, de apenas unas cuantas cabañas rojas acompañadas por las estructuras de madera para el secado del bacalao.
En mar abierto el barco cabalga sobre las olas provocando algún que otro mareo, y haciéndonos imaginar cómo serán las condiciones de los frágiles barcos pesqueros en la temporada de pesca, en pleno invierno, con el mar menos benevolente que ahora.



No hay comentarios:
Publicar un comentario