Nos costó llegar, pero valía la pena. En muchas ocasiones las islas Lofoten parecen ser un diseño extraño respecto al resto del mundo conocido. Como las hubiera dibujado un niño, con sus montañas piramidales en una cadena sin fin, con cumbres de remates improbables, con pueblecitos de madera sobre el mar conectados entre sí por ligeros puentes.
No sé si nos da una pista que el primer pueblo se llame A, allí donde termina (o empieza) la carretera, pero puede que Dios empezara el mundo por aquí, aun siendo niño.










Acabo de leer todo de arriba a abajo, espectaculares fotos.
ResponderEliminar